El gran susto de Hugo Chávez


por Fernando Gutiérrez

No fue el cáncer lo que tuvo a Hugo Chávez en extremo preocupado el 7 de octubre, sino la posibilidad de ser derrotado por Capriles, el candidato de Estados Unidos y la derecha proyanqui venezolana.

Aunque el resultado final dio ganador al líder bolivariano por un millón de votos de diferencia, la ‘DBA’ del país llanero salió fortalecida porque pudo capitalizar el incipiente pero importante descontento social por la inflación, los bajos salarios, la crisis agraria y la corrupción a cuya sombra nace la llamada ‘burguesía chavista’.

El tema de fondo de ese descontento es el viraje de Hugo Chávez hacia un nuevo proyecto de capitalismo ‘bolivariano’ en reemplazo del ‘socialismo del siglo 21’. Ese viraje se produjo tras la derrota que sufriera su proyecto de cambio constitucional.

El pueblo revolucionario que emergió del ‘Caracazo’ de 1989 es afectado por el viraje chavista en dos campos principalmente: el salarial y el agrario. El gobierno chavista ha sido muy duro con las demandas de aumentos salariales, ha reprimido las huelgas e incluso se ha negado a investigar los asesinatos de varios dirigentes sindicalistas. En el campo, permite la presencia de un gran poder latifundista que a la fecha ha cobrado la muerte de 200 campesinos en las luchas por el derecho a la tierra.

Hugo Chávez sigue generoso en el reparto de los ingentes recursos que deja el petróleo. Mantiene el gasto en ‘ayuda social’, pero es reacio a cambiar las estructuras económicas en la industria, campo y comercio a favor de la clase trabajadora y las familias campesinas, porque allí chocaría con los intereses del empresariado capitalista venezolano que basa su enriquecimiento en la explotación del trabajo y en la agroexportación.

El modelo primario exportador sostenido en los hidrocarburos todavía constituye una gran fuente de poder en la Venezuela bolivariana. Las reservas probadas de petróleo alcanzan para 250 años más y Estados Unidos continúa siendo su principal comprador.

El proyecto petrolífero venezolano fue diseñado en la década de 1960 por el Banco Mundial para atender la creciente demanda norteamericana de energía. Y Hugo Chávez continúa desarrollando ese plan, solo que no de manera servil como lo hacía la derecha proyanqui.

Pese a ello, la crisis internacional siempre es una amenaza para un régimen que depende demasiado de los ingresos petroleros y de la importación masiva de alimentos. Ambos son commodities cuyos precios dependen de la voluntad de las corporaciones internacionales y de sus estados agrupados en el G7. Con eso también cuentan Capriles y las fuerzas de la Venezuela oligárquica para continuar desgastando la influencia electoral chavista.

Evitar el retorno del neoliberalismo desembozado en Venezuela ya no pasa tanto por hacer causa común con Hugo Chávez en las próximas elecciones. Es hora de construir una alternativa popular que reencauce el proceso revolucionario hacia el cambio real de modelo de desarrollo y de estructura económica para beneficio de los millones de pobladores, trabajadores y campesinos que iniciaron la gesta que alguna vez fue bautizado como ‘revolución bolivariana’ o ‘socialismo del siglo 21’.

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