La reelección de Correa: Afianzamiento de la modernización del capitalismo y la criminalización de la lucha social


Por: Francisco Escandón Guevara
Cuenca, Ecuador

Interpretar los resultados del último proceso electoral exige afirmar que se desarrolló en medio de una profunda crisis del sistema capitalista en general. Esa crisis (especialmente económica) tiene como epicentro Europa y a los Estados Unidos de Norteamérica, donde las movilizaciones de masas expresan una reanimación de los trabajadores y los pueblos. También la crisis tiene ribetes particulares en los países del Oriente Medio, en los que importantes levantamientos populares significaron el derrocamiento de gobiernos opresores y donde aún continúa la lucha por buscar una alternativa al recambio burgués que transitoriamente ha triunfado.

Latinoamérica es un caso particular. La crisis fue altamente política y de importantes expresiones de movilización de las masas durante estas décadas; ello determinó una tendencia democrática, progresista y de izquierda que significó un duro cuestionamiento al neoliberalismo aplicado por distintos gobiernos y un crecimiento del anhelo de cambio que se expresa (en lo particular) en un comportamiento electoral relativamente distinto que llevó al gobierno a personajes y partidos que, revestidos de un discurso izquierdizante, prometieron sepultar el poder de la oligarquía y materializar las aspiraciones de las masas. Esos cambios se expresan, sobre todo, en la aprobación de constituciones que son el resultado de una correlación de fuerzas y de agitación social, que recogieron importantes derechos y reivindicaciones de las mayorías empobrecidas.

Durante este quinquenio en Latinoamérica (especialmente en el área andina) la crisis económica fue aparentemente eludida debido a la cotización en el mercado mundial de los comodities[1], fenómeno que permitió importantes recursos económicos para una buena parte de gobiernos, denominados como alternativos, progresistas, e incluso autodenominados izquierdistas.

El caso del Ecuador requiere seccionar al gobierno de Correa en dos etapas:

a)    La primera, del 2007 al 2009, en la que se afirmó un proyecto democrático y de cambios, sobre todo jurídicos y políticos, que se expresan en elementos como los siguientes: la no renovación del convenio de utilización de la base militar de Manta por parte de los marines norteamericanos, la conformación de una comisión de auditoría de la deuda externa declarada inmoral, la confiscación de algunos bienes de los banqueros corruptos, el impulso de la Constitución de Montecristi, el enfrentamiento a los grupos económicos de poder y el ejercicio del gobierno con el apoyo de las organizaciones sociales, sindicales y populares, así como de las fuerzas políticas de izquierda, etc.

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b)   El segundo gobierno de Correa está caracterizado por un entramado de fenómenos complejos, entre los cuales destacamos:
–       la concentración total del poder, desconociendo la independencia de funciones del Estado,
–       la renegociación de la dependencia con el imperialismo (siguen sometiéndonos los yanquis, pero su poder está amenazado por otros imperialismos),
–       la adjudicación del petróleo y minas a transnacionales chinas y canadienses,
–       el incremento de impuestos que afectan sobre todo a los sectores medios de la sociedad,
–       la mayor acumulación de capital de determinados grupos económicos financieros, de exportadores-importadores e industriales,
–       la expresa intención de meter la mano en la justicia para subordinarla a sus intereses,
–       la criminalización de la lucha social homologándola como terrorismo, sabotaje o atentado a la seguridad del Estado,
–       la violación de los derechos humanos y los de la naturaleza,
–       la elitización social a través de mecanismos de meritocracia (aristocracia) para ingresar a la universidad o al servicio público,
–       la corrupción generalizada en su círculo de asesores, parientes y ministros,
–       la proposición de leyes contradictorias al espíritu garantista de la Constitución,
–       la intromisión y bloqueo de la tarea de fiscalización en la Asamblea Nacional,
–       el desarrollo de obras de infraestructuras para modernizar el capitalismo,
–       el despido de miles de servidores públicos,
–       la institucionalización de una política de chantajes y presiones a funcionarios públicos,
–       el impulso de una psicología social del miedo,
–       la profundización de los programas o bonos asistencialistas,
–       el despliegue de una millonaria propaganda. Solo el año 2012 significó USD 295 millones,
–       la división o cooptación de las organizaciones populares para corporativizarlas al Estado,
–       la estigmatización a las organizaciones políticas y sociales de izquierda caracterizándolas como las principales enemigas de su proyecto,
–       la autodefinición de su revolución como ni antiimperialista, ni anticapitalista, ni antinada,
–       la práctica política con alto contenido populista, demagógico, etc.

A estos elementos del segundo gobierno de Rafael, sumemos algunas situaciones al momento de las elecciones que beneficiaron la candidatura oficial. Durante los 6 años de gobierno, Rafael Correa tuvo acceso a USD 167 mil millones, se revistió de un discurso izquierdizante, cometió el delito de peculado al utilizar las instituciones y bienes públicos en su campaña electoral, reformó el código de la democracia para instituir un Consejo Electoral totalmente constituido de exfuncionarios y simpatizantes de su gobierno, estableció el método de Hond´t (antes declarado como inconstitucional) para la asignación de escaños que favorece a las mayorías, plasmó una bien estudiada estrategia de campaña para recomponer su liderazgo, posicionó que él es el cambio y que votar contra él (en la presidencia o en la Asamblea Nacional) es el regreso al neoliberalismo y al pasado.

Ilustración de Mauricio Delgado
Ilustración de Mauricio Delgado

Otro elemento a tomar en cuenta es la entente de las fuerzas de derecha. La del banquero Lasso y de Rafael (aunque él se autodenomine de manera distinta) que por intermediación del imperialismo cerraron un acuerdo para perfilar las encuestas y una suerte de polarización que benefició a uno y a otro indistintamente. Votaron por Lasso buena parte de los sectores anticorreístas, que despreciaron cualquier otra opción por una suerte de voto útil; por otro lado, muchos sectores inconformes de Correa le dieron un respaldo crítico una vez más frente a la posibilidad de que un banquero vuelva a la presidencia.

Recordemos que los resultados determinaron que Correa alcanzó la presidencia en primera y única vuelta con el 57.17%, el banquero Lasso se catapultó a un 22.68% y la candidatura de las izquierdas alcanzó el sexto lugar con Alberto Acosta 3.26% de los votos válidos. Hemos de insistir en que hubo 11 671 641 personas empadronadas, de ellas el ausentismo incrementó del 15 al 19.5%, y Rafael alcanzó 4 918 137 votos, que representan en realidad el 42% del padrón electoral.

Ninguna de las opciones que encabezan los resultados electorales beneficia a las clases trabajadoras, a la juventud ni a nuestros pueblos, pues las dos aseguran la vigencia del sistema capitalista; ninguna se propone una transformación social que solucione las contradicciones entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las ignominiosas relaciones sociales de producción; las dos candidaturas representan los intereses del imperialismo y a los grupos económicos de distinto sello que se enfrentaron, como producto de sus contradicciones interoligárquicas, aunque coincidieron en mantener el statu quo.

La izquierda tuvo candidato presidencial propio, el expresidente de la Asamblea Constituyente de Montecristi, Alberto Acosta, cuya historia política le sitúa como un intelectual que cuestiona y presenta alternativas al capital por sus efectos nocivos en la gente y la naturaleza. La candidatura de Acosta fue producto de la defensa de la Constitución de Montecristi, reformada para subordinar al sistema judicial al correísmo. Es el resultado de las movilizaciones del año anterior que se elevaron en el país para defender el agua, la vida y la dignidad frente al interés oficial de impulsar la mega minería a gran escala y cielo abierto; es consecuencia de un proceso de debate y de unidad expresado en la Coordinadora Plurinacional de las Izquierdas, y es el fruto de un proceso de primarias entre organizaciones sociales y populares inédito en la historia del Ecuador.

teaser-ecuador-protest-170712Quienes apoyamos las candidaturas de las izquierdas nos planteamos objetivos en relación con nuestra propuesta programática; sin embargo, cometimos errores de percepción en el transcurso de la campaña electoral al no dimensionar que nos enfrentábamos a dos maquinarias electorales (la oficial con recursos públicos, de las transnacionales y de grandes cotizantes oligarcas; y la otra, con el respaldo de una facción de la burguesía financiera); estos elementos deben llevar a la reflexión para nuevas experiencias en el futuro.

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A pesar de los resultados, queda perspectiva para la izquierda, pues hemos constituido un proyecto unitario, no solo electoral sino con sentido de poder, que debemos proyectar hacia el movimiento social y popular.

6866667184_8c530978b6_bEl tercer gobierno de Correa significará una profundización de su política de traición al mandato de Montecristi a nombre de la revolución ciudadana. Ahora mismo ya se anunciaron reformas constitucionales. De entre ellas, las más importantes serían: castrar varios derechos, especialmente los recursos de protección; anular el derecho a la resistencia; permitir el ingreso de transgénicos; legitimar su política de criminalizar la lucha social; dar vía libre a la explotación minera de las transnacionales, al obviar la consulta previa a las comunidades en esos territorios para su explotación; etc.

Firma de contrato con la empresa china Ecuacorrientes
Firma de contrato con la empresa china Ecuacorrientes

En síntesis, el tercer mandato del correísmo profundizará un proyecto desarrollista y modernizante del capitalismo. No es un gobierno socialista: se trata de un régimen que impulsa determinadas políticas socialdemócratas y demagógicas a nombre de una pseudorevolución que inmoviliza a las masas y que en el fondo beneficia sobre todo a los tenedores del capital transnacional, a ciertos grupos económicos del país, al aumentar su concentración de riquezas.

El reto de las izquierdas y su perspectiva se mantienen. Acabar con el régimen de explotación es aún nuestro objetivo, porque el caudillismo populista de Correa no resolverá la crisis que viven los trabajadores y los pueblos; por ello, debemos redoblar esfuerzos en la lucha social que se reanimará, y también en miras del proceso electoral de gobiernos autónomos descentralizados del año 2014. Todo con el propósito de acumular fuerzas para derrotar al capital e instaurar la sociedad de los trabajadores: el socialismo.

e-mail:                    fescandonguevara@yahoo.com
Facebook:               francisco.escandonguevara@facebook.com
Twitter:                  @PanchoEscandon


[1] Los comodities del sistema capitalista son aquellas mercancías que se extraen en enormes cantidades de la naturaleza o son producidos en masa por el ser humano. Se clasifican en los siguientes grupos: granos, carnes y derivados, metales, energías (gas, petróleo, gasolinas, etc.), softs (algodón, cacao, azúcar, etc.).

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