Paulo Freire: Izquierdas y derechas, radicales y sectarios


Paulo Freire (1921-1997), brasileño y fabuloso pedagogo que trabajó en métodos de alfabetización en Brasil, Chile, Angola, Tanzania, Guinea Bissau, Sao Tome y Príncipe, Nicaragua y Granada, nos regala un texto que titula “Izquierdas y Derecha” que amerité resumir y darle algunas pinceladas para que nos sirva en la actualidad.

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Freire nos plantea que en este mundo actual vivimos en una sociedad marcada por el hambre, la pobreza, la tradicionalidad y la modernidad, por el autoritarismo y la democracia, por la violencia y la impunidad, por la apatía, por el cinismo y la desesperanza.

Pero también por la esperanza. Una época en la que las mayorías van por el cambio. Una época donde a pesar de escoger el cambio, también escogemos mal a los actores que deben realizar este.

Freire ve que la mayor responsabilidad de esta situación viene de las propias izquierdas. Izquierdas en plural, derecha en singular. En singular la derecha pues ante el peligro de sus intereses unifica fácilmente sus tendencias. La derecha, y lo vemos a diario y públicamente, solo se sectariza frente al pensamiento y la práctica progresista. Izquierdas en plural porque ponerlas de acuerdo resulta siempre trabajoso y difícil.

Pueden existir 4 o 5 tendencias dentro de un mismo partido de izquierda, y cada una reclama para sí la verdad y la vanguardia. La pelea entre las izquierdas se puede ver en cosas sencillas, en cómo se debe elaborar un volante, que acciones tomar frente a un acto de solidaridad, o a la hora de ver quien marcha adelante en la movilización.

La tolerancia entre las izquierdas en sus métodos de accionar y construir debe primar para conseguir los objetivos en comunes, el Frente Único en palabras de Mariátegui, el atemperar las diferencias en palabras del Che, el saber hacer alianzas sin negociar los principios según Lenin, es lo que plantea Freire.

Y esta tolerancia para la propuesta común debe trascender las fronteras de la discusión dentro de las izquierdas y debe entrecruzarse con esta sociedad compuesta de parcialidades. Una izquierda que no se renueve y no se haya dado cuenta que tenemos que actualizar el debate se aísla de la realidad, entonces del pueblo.

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Medio ambiente, género, racismo, cambio climático, pueblos originarios, enfermedades como el VIH, drogas por ejemplo, nuevas agresiones imperialistas, deben complementarse con el ya conocido credo de las distintas izquierdas.

El lenguaje excedido, es otra traba que ve Freire. Plantea que en los discursos, el optimismo de ser también crítico. Sus críticas al sistema capitalista deben ser fuertes, pero no con más rabia que con la paz de quien sabe está dando el buen combate. El leguaje debe ser esperanzador y bañado de ética.

Propone Freire, y en esto le doy más razón que en otra cualquier cosa, que el partido de izquierda necesita perder cualquier rancio vanguardismo, del liderazgo que se decreta así mismo como tal (en palabras del Che, el dirigente revolucionario es el reconocido por los demás) que se reserva la última palabra, aquella que define e ilumina. Ese reconocimiento, dice Freire, viene desde afuera, de las clases populares, a las que debemos dejar de llamar “incultas masas”.

Más bien, siguiendo la línea que traza Freire, el discurso de la izquierda debe estar lejano a aquel que piensa que está liberando a otros y más bien debe ser el que convida a otros a liberarse juntos. Aprender junto al pueblo lo que ya conoce y a partir de esto, enseñar mejor lo que ya conocen y avanzar a nuevos puntos.

Un punto importante me parece este mensaje que Freire escribe: “No es verdad que el socialismo vendrá porque sí, ni es verdad que el socialismo cayó con el Muro de Berlín o que el Capitalismo venció y que su futuro eterno recién empieza. La verdad es que el futuro es hecho por nosotros mismos a partir de la transformación del presente”.

Y el presente debe cambiar: el hambre, la miseria, la explotación, la marginación, el desastre educativo, la corrupción generalizada, la debacle moral de las instituciones, la represión, el racismo tiene que terminar y conlleva a afirmar, como Freire, que debe haber un cambio radical de las estructuras de poder.

Y para revolucionar sociedades pluriculturales y plurinacionales como las latinoamericanas, es imposible pensar que un partido por más militante y sacrificado, pero solo, lo pueda realizar. Entender que todos los grupos debemos ser parte de la amalgama de propuestas que unidas a principios sólidos, aunque manejemos adjetivos diversos, propongamos los cambios que se requieren.

En días tan carentes de humanización, luchar por la solidaridad frente a la negación de los derechos mínimos de la mayoría vale incalculablemente más que los discursos burocráticos, de sabor ultra, dice Freire. Nos plantea que los movimientos que levantan las banderas populares no deben sectarizarse pues con eso abandonan la radicalidad que deben tener.

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Así define las diferencias entre radicales y sectarios: el radicalismo es tolerante, el sectarismo ciego. El radical está siempre disponible a dialogar acerca de sus posiciones, a revisarse si es necesario, el sectario está siempre aferrado a “sus” verdades.

El radical no es intransigente, mas no puede transigir con procedimientos poco éticos por ejemplo. El radical está siempre abierto a la superación, en una discusión no tiene por qué continuar con la defensa de su argumento si alguien lo convence de lo contrario. El sectario insiste en su posición aunque esté convencido de su error. El radical está al servicio de la verdad, el sectario de “su” verdad.

La sectarización es estéril, es necrófila. El radicalismo se bate por la pureza, el sectario se contenta con el puritanismo que es imaginar pureza.

El radical, entiende que las distintas organizaciones están compuestas por seres humanos comunes con sus virtudes y limitaciones, el sectario inventa nuevos dioses y falsas morales. El radical cede con tal de ver avanzar a las mayorías, el sectario impone sus posiciones así vea que se retrocede lo poco que se avanzó. El sectario, si no puede criticar el trabajo de otros grupos, los petardea y si no alcanza, va contra los defectos personales, verdaderos o inventados, de los miembros de otras organizaciones que no aceptan sus opiniones. O convierte sus asuntos personales que deben resolverse en ese ámbito, en políticos. El sectario no acepta tener una opinión, sino la verdad.

Ya para terminar, me parece fundamental que entendamos que uno de los errores de las izquierdas es que nos falta más ir con las mayorías y entenderlas, vivir con ellas sus peleas, sus triunfos y derrotas, para que en el seno de esas batallas fructifiquen nuestras posiciones que pretenden el bien común. Los cambios se dan solo si las mayorías lo entienden y se la juegan por estos cambios.

Los avances progresivos desde distintos sectores de la izquierda y los movimientos progresistas, lejos de generarnos envidias y ver avances de posiciones revisionistas, deberían ponernos a evaluar cómo se potenciarán cuando se crucen con lo que nosotros estamos haciendo y así lograr el socialismo que tanto anhelamos conscientemente unos pocos y no tanto la mayoría.

Total, los revolucionarios sabemos que cada pedazo que se construye desde el campo popular es parte de la carretera de la liberación y que no luchamos por el yo, sino por el nosotros.

Hasta la victoria siempre

Guillermo Bermejo Rojas.

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